[Mi Reseña] ‘El deseo de Harmony’ de Alexandra Risley

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Fue amor a primera vista. La sinopsis me atrapo enseguida y la portada termino por convencerme, aunque debo admitir que no me imagine que terminaría gustándome tanto… Ahorita les comento por qué.

El deseo de Harmony‘ de Alexandra Risley es el primer libro que leo de esta autora. Su historia nos traslada a una situación algo caótica para una jovencita de “buena familia” durante un baile en Londres y en pleno invierno de 1880. No solo ha tenido que pasar casi media vida al lado de unos tíos bastante apáticos y mezquinos, sino que ahora resulta que Harmony George debe desposarse con el jockey más obsceno y chocante de toda Inglaterra solo porque su tío no pudo mantener las manos apartadas de su herencia. Ahora Harmony con los sueños de ser como Ida Pfeiffer y viajar por el mundo tal y como lo cuenta en su libro hechos añicos, no lo duda un instante y decide escapar de su negro porvenir trepándose a la verja trasera de la casa donde se está realizando el baile de navidad.

El plan hubiese dado resultado si no hubiese un duque enamorado y despechado, bebiendo cerca de los jardines y que descubre su plan sin querer. Devlin Sawyer, duque de Waldegrave, no consigue olvidar a cierta baronesa que no corresponde a su afecto y por ello recurre a la bebida. Dentro de la nube de alcohol que nubla su mente distingue a Harmony a punto de saltar la verja y nada lo haría imaginar que el decidir ir tras ella era quizás una decisión que terminaría en un destino algo trágico para ambos.

“—Excelencia, insisto en mi intención de librarlo de su responsabilidad.

—Soy un caballero, señorita George. Puedo hacerme cargo de mis errores. Como usted comprenderá —continuó con aire solemne—, solo podemos enmendar esta falta con el matrimonio. Su tío, como ya sabe, se ha mostrado más que colaborador en este asunto —hablaba con un deje de desconsuelo que rayaba en el dolor físico, haciendo que algo dentro de Harmony se rompiera—. Es… lo correcto. Espero que lo comprenda y termine de dar su consentimiento.

—¿Así que eso es todo? —Susurró al cabo de un minuto, cuando las voces se perdieron en la esquina—. Nos casaremos.

Él se inclinó hacia adelante, frunciendo un ceño inquisidor.

—Señorita George, ¿debo entender que le resulta especialmente repugnante convertirse en la duquesa de Waldegrave?

—No. No, excelencia —sacudió la cabeza vehemente, buscando las palabras correctas—. Es que no lo entiendo. No entiendo cómo sucedió todo esto.

Él asintió, comprendiendo su turbación. Tampoco lo entendía.

—No quiero mentirle. Usted no… no reúne las cualidades que me gustan en una mujer —aquel alegato la golpeó como un látigo, pero al mismo tiempo la cubrió de resentimiento. Dejó caer la cabeza lastimosamente. Cómo hubiera querido poder esbozar una sonrisa burlona. «Puede que no sea hermosa, excelencia, ni refinada, ni encantadora, pero al menos no soy una patética suicida», su boca pujaba por decirle—. Pero tampoco deseo poner excusas para mi conducta —continuó el duque—. Le ruego que acepte lo que puedo ofrecerle: mi respeto, mi nombre, y mi protección. Soy extremadamente protector con lo mío.

Con soberana tristeza, Harmony debió admitir que, una parte de su ser, una pequeña parte, quería ser suya, pero solo si él sería suyo también. Un imposible. Cualquier muchacha estaría dando saltitos de alegría al saber que se casaría con el duque de Waldegrave; ella en cambio se sentía como si fuera un becerro al matadero, o un soldado a punto de entrar en un campo de batalla que prometía sangre.

«No me ama». «Se casará conmigo solo porque cometió una indiscreción». «Seré un incordio, una piedra en su zapato». «Quizás nunca me bese, ni se vaya a la cama conmigo», era todo lo que se repetía en su fuero interno.

—No me importaría si su explicación suena como una excusa —soltó de pronto, y Devlin supo a qué se refería—. A esta altura, creo que eso ya no importa. Le pido que sea sincero conmigo. ¿Por qué lo hizo?

Él se detuvo. ¿Había escuchado bien? Lo estaba facultando a decir palabras que eran cuchillo para su propia garganta. Perfecto, si ella podía lidiar con la verdad, él no iba a negarle una explicación.

—Señorita George, créame. Jamás le pondría un dedo encima estando sobrio.”

Es imposible que la vida de Harmony hubiese dado un giro tan drástico en una noche. Convertirse en la esposa de Devlin, o más complejo aun, en duquesa de Waldegrave, era algo a lo que ella nunca había aspirado y mucho menos se había atrevido a soñar. Devlin, era tan inalcanzable para Harmony que se veía así misma incapaz de conquistar su corazón. Y es que él duque creyó una vez estar enamorado y no fue correspondido, por ello se juró así mismo no dejarse ver vulnerable ante nadie. Más aun ante su nueva esposa que parece tener cualidades que hacen despertar aquellos sentimientos que él tanto juro proteger. Harmony es distinta a todas las demás. No es bonita, no es elegante, no es… igual a ninguna, y mientras más cerca está de ella, más ganas tiene Devlin de hacerla suya, sin imaginar que eso no será posible si es que no lucha contra su propio orgullo con tal de lograrlo.

Secretos familiares, antiguas amantes, corazones orgullosos, inseguridades y muchos miedos serán los obstáculos, pero ninguno impedirá que la pasión y el amor nazca en el matrimonio más inesperado y sorpresivo de Londres.

“—Estás ebrio.

—Como si fuera la primera vez que me vez así.

—Vete a dormir, Devlin.

—¡No quiero dormir, maldita sea! ¡No quiero ir a ningún lado! ¡Te quiero a ti!

La habitación quedó sumida en un silencio desolador.

Ojalá ella hubiera entendido la naturaleza de aquella desesperada confesión, ojalá hubiera captado la verdad detrás de aquellas palabras pero, maldita su suerte y todo lo que había sembrado desde el día en que la había visto por primera vez hasta aquella noche; no fue así.

—¿En serio? —susurró—. ¿Quieres que corramos las cortinas, que apaguemos las luces y el fuego o te parece que hay suficiente penumbra?

—¿Toda esta maldita amargura es por lo que dijo Laurel? —masculló. No resultaba fácil para él lidiar con un sentimiento que le era tan ajeno, como el de inferioridad—. ¿Por qué te preocupa tanto el alegato de una loca?

—No me preocupa ella —se puso de pie, arrojando la manta a un lado y deshaciendo las lágrimas bruscamente—, me preocupa estar en un matrimonio donde no puedo acceder a lo más esencial: al respeto de mi marido. Y no es solo eso: siento que estoy frente a un completo extraño, Devlin; alguien que no me dice que tiene una fábrica, una madre y un abuelo.

Él se quedó sin palabras. Era cierto eso último, pero todo respondía a una fiera política que recién ahora se había determinado a declinar.

—Tampoco quieres saber quién soy, ¿verdad? —continuó ella—. No tienes interés en conocerme, en saber si vale la pena quererme, porque como dijiste una vez, no reúno las cualidades que te gustan en una mujer —Devlin quería decirle que había descubierto en ella cualidades que ni siquiera sabía que existían, que no tenía idea que pudieran obsesionarle, que jamás pensó que necesitaría con tanta desesperación, como si fuera agua para vivir, pero no eran cosas que se pudieran admitir con facilidad, menos cuando ella le atacaba de ese modo feroz—. ¡Bien! Sigue como hasta ahora. Por un lado, viviendo con ese vínculo enfermizo que te ata a lady Colvile, y por otro, muriendo de amor por una mujer que ama a otro.

Harmony se apartó. Se incorporó y le fulminó con la mirada.

—¡Todo lo que tocas lo destruyes! ¡Eso es lo mejor que sabes hacer! —le acusó con los ojos anegados en lágrimas.

Él la miró desconcertado, dolido por aquellas palabras que tenían la facultad de volverse punzo cortantes al abandonar su boca para después clavársele en la piel, causándole un daño insólito.

Sí. Ella sabía cómo herirlo, concluyó.
Y quizás lo merecía.

—No quise… Lo siento.

—Vete de aquí —continuó, y luego le lanzó la mirada más enardecida que le hubiera visto jamás—. ¡Ojalá me hubieras dejado saltar esa maldita verja!”

Cuando encuentras algo bueno, hay que decirlo. ¡Que bella es la pluma de Alexandra Risley! Es armoniosa, como el nombre de su protagonista y muchos de sus párrafos terminan como en melodía logrando una lectura casi de ensueño, muy sutil al momento de contar una historia. El paso del tiempo, la descripción de los detalles y el reflejo de las emociones y situaciones son manejados de manera muy elegante, cautivando al lector. Y al mismo tiempo, avanza de manera ágil logrando que no perdamos el hilo narrativo, enganchándonos a la historia hasta el final y sin pausas. Siempre he pensado que para escribir histórica hay que ser muy cuidadosos en lo que se refiere a la ambientación y sobre todo cuidar el cómo se plasman los diálogos, la manera de pensar y reaccionar de los personajes, ya que la época elegida debe reflejarse de manera un tanto realista para que convenza, o al menos eso es lo que yo, personalmente, espero encontrar cuando cojo un libro de tinte histórico. Este libro tiene todo esto y mucho más. El contexto presentado nos traslada a una Inglaterra en pleno inicio de la revolución industrial, mencionándonos detalles como la construcción de las primeras centrales eléctricas, la sustitución de la luz a gas por los bombillos eléctricos, los primeros fonógrafos y más elementos que enriquecen la el libro. Es fácil dejarse envolver por la pluma de Risley. He quedado encantada.

Harmony es un personaje diferente, pero no desconocido dentro del género. Clásica pero única. La heroína con sueños y pensamientos adelantados a su época e innombrables en una sociedad tan frívola, con determinación al momento de retar lo convencional al no querer aspirar a ser la esposa “de bien” como se espera de todas las jóvenes de su edad y físicamente distinta a los cánones, pero con una personalidad capaz de conquistar al más frió de los duques. El detalle de ser admiradora de los libros de viajes por el mundo hacen de ella una protagonista muy atrayente ya que a pesar de sus inseguridades, siempre es la realización personal lo más importante por alcanzar. Me gusta como en determinados momentos, a pesar del temor, decide coger las riendas de la situación y toma lo que quiere. Y si se equivoca sabe, muy dentro de sí, que puede lidiar con el error y superarlo. Pero nunca se queda con la incertidumbre de lo que podría haber pasado si “no se subía a la verja…” o si “no se quitaba el camisón…”. Sin duda, un momento memorable.

Y Devlin… Más allá de imaginarlo como el guapo galán, es un protagonista capaz de dejarte exhausta por la capacidad que tiene de hundirse en su orgullo. Siempre consigue lo que quiere sin siquiera esforzarse por ello, es cínico, frió y ante el amor no correspondido vuelve a cerrarse a cualquier posibilidad de amar. Los personajes así se disfrutan mucho mientras esperas el momento crucial para que por fin se dé su cambio radical. Asimismo, su personalidad emprendedora atrapa, y más cuando descubres que tampoco se limita a vivir bajo los convencionalismos de la época, mostrándose abierto a los cambios que su sociedad presenta. Y cuando por fin abre los ojos, lucha por aquello que quiere, entregándose por completo. Risley ha sabido crear personajes muy convincentes, logrando escenas maravillosas, como aquel reencuentro apasionado entre los esposos luego de estar tanto tiempo distanciados. Fue tierno, fue pasional, era amor… y yo disfrute al cien por cien aquella escena donde por fin los verdaderos sentimientos se pusieron de manifiesto.

Personajes secundarios… Debo mencionar a Corine en primer lugar. La madre del duque fue aquella estabilidad que nuestra protagonista tanto necesitaba en el momento en el que todo parecía no tener solución. Con su personalidad jovial y de trato amable, nos muestra el lado más humano de Devlin y nos ayuda a entenderlo. El giro que da su participación también es bien recibido, ya que tanta tensión entre los protagonistas solo puede ser aplacada con un romance a la par. No sé qué sentir hacia Laurel; su participación es impactante y su final es incierto, espero que realmente se encuentre bien, todo lo contrario a lo que puedo sentir por los tíos de Harmony, ¡Que desagradables! Antagonistas tan bien elaborados al punto de hacerme enojar de verdad y desearles los males más inimaginables del planeta, demostrando una vez más lo convincente que es la pluma de Risley.

El final es el esperado, la última confrontación entre los protagonistas es de infarto y el Epilogo es el adicional necesario para poder por fin suspirar aliviada. Sabía que sería una buena lectura, pero como dije antes, no me imagine que tanto. Alexandra Risley se ha ganado toda mi atención, así que estoy completamente segura que no será lo último que lea de ella.

Es estupenda.
LA RECOMIENDO.
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