[Mi Reseña] ‘Cuando decide el corazón’ de Elizabeth Bowman

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Coqueta, divertida pero sobre todo romántica y bien escrita. Una historia nacida como homenaje pero que brilla con luz propia por su excelente narrativa e inolvidables personajes… Ahorita les comento por qué.

Cuando decide el corazón‘ de Elizabeth Bowman es, como bien lo dice la misma escritora, un homenaje a Jane Austen de su parte y sus páginas nos permiten imaginar cómo es el amor que Fanny Clark siente por la tranquilidad rural del condado de Sheepfold donde vive con su imperturbable y paciente padre, sus diligente hermano mayor, su pequeña y vivaz hermana pequeña y su madre tan suelta de lengua.

En la Inglaterra de 1803, las señoritas están desesperadas por acudir a bailes, presentaciones en sociedad y Londres es el ansiado lugar al que todos quieren llegar. Excepto para Fanny, a la que toda aquella frivolidad no le llama para nada la atención y mucho menos conseguir un marido solo para cumplir las normas establecidas. Cuando se case lo hará por qué ama de verdad. Esta segura que hay mucho más para ella que lo que dicta la sociedad, y mientras no aparezca ese amor que le haga temblar las piernas, prefiere disfrutar del campo y de su vida sin complicaciones muy a pesar de lo que piense su mamá.

Pero debido a que su amiga Charlotte, mucho mejor posicionada que ella en la sociedad, e inseparables desde que eran niñas, le pide que la acompañe a una de las tan tediosas visitas a la capital, Fanny no tiene más remedio que compartir salones de baile con gente que no parece estar disfrutando de verdad. Es aquí cuando una mirada cansina, hastiada y bastante oscura le recuerda que ese no es lugar para una mujer de su condición, no quedándole más remedio a Fanny que darle una lección a Oliver Hawthorne, quien queda prendando de tanta belleza y descaro de la señorita más excéntrica que ha tenido la oportunidad de contemplar, dejándolo marcado y completamente anonadado.

“—Es probable que le resulte más entretenida la vida en el campo. —¡La esfinge de hielo hablaba! Aunque su pose continuaba igual de despótica y cruel. De hecho, se expresaba de un modo tan descortés que parecía que no se estaba refiriendo a alguien presente en el grupo—. Estoy convencido de que debe de resultar un aburrimiento terrible para ella pasearse por la ciudad en nuestros tílburis, acostumbrada como estará a hacerlo sobre pequeños asnos. —Torció la boca en una sonrisa cruel—. ¿O acaso en el campo han abolido ya esas clásicas monturas y ahora se dedican a pasear a lomos de ovejas? —Resopló en un gesto de suficiencia—. Lo siento, no estoy al tanto de las costumbres rurales.

Fanny parpadeó con nerviosismo. Si hubiera sido coceada en el estómago por cualquiera de los mencionados asnos, no habría experimentado semejante falta de aire ni semejante estupor.

—Estoy seguro de que mi amigo no pretendía molestar a nadie al manifestar sus opiniones. —Pero el bufido irónico que dejó escapar Oliver Hawthorne expresó con claridad lo contrario.

Las manos de Fanny revolotearon al cuello y juguetearon con nerviosismo con el hilillo de oro de su cadena.

—No se preocupe, señor Byrne —repitió la muchacha con una sonrisa nerviosa mientras temblaba a causa de la rabia contenida—. Para responder a su pregunta inicial, sí, creo que podría referirle algo bueno de su querida ciudad. —Byrne sonrió aliviado—. Durante mi breve estancia en Londres, he podido comprobar que sí tenemos algo en común. — Hawthorne elevó de nuevo los labios en una sonrisa cruel—. Al igual que nosotros, también ustedes disponen de asnos en su refinada sociedad, y puedo afirmar que los suyos son más inteligentes que los nuestros, puesto que han aprendido a caminar sobre dos patas. —Sin abandonar la amplia y forzada sonrisa que le adornaba el rostro, ejecutó una rauda reverencia que parecía ir dirigida exclusivamente al impasible y despótico Oliver Hawthorne, dio media vuelta y cruzó el salón sorteando las parejas que bailaban de forma despreocupada. Sabía que no había actuado en forma correcta, que su respuesta y su posterior retirada habían resultado por completo impropias, pero la indignación que la corroía por dentro no le habría permitido permanecer en compañía de aquel hombre tan desagradable ni un segundo más.

La precipitada huida le impidió observar la atónita expresión del señor Hawthorne, quien, ante semejante falta de distinción, había permanecido con el ceño fruncido y del todo descolocado, mientras se mordía el interior de las mejillas y oprimía los puños a los costados hasta que los nudillos se le tornaron lívidos. Jamás había presenciado un comportamiento tan inusual por parte de ninguna dama con dos dedos de sesera. Sin duda, aquella absurda criatura era la mujer más insufrible y vulgar que había conocido jamás.”

Ante el regreso inminente de Fanny a Sheepfold y la aparición de un visitante extranjero con un brillo en la mirada que le da pie a Fanny para desconfiar, aquel primer encuentro entre Oliver y Fanny es solo el principio para el vaivén de emociones que ambos empiezan a experimentar. Oliver se convierte de un momento a otro en el mejor héroe romántico, apuesto y sensual, que jamás encontraría en ninguna de sus novelas, y Oliver encuentra en Fanny un alma pura y honesta, tan diferente a lo que está acostumbrado a presenciar.

Y por fin aquel héroe estaba allí, con ella, en el mejor marco escénico que cualquier sufrida damisela romántica podría desear, pero ¿Será suficiente para estos desafortunados que a todas luces muchos querrán separar?

“—¿Puede saberse a qué dedica entonces su tiempo una señorita en una edad como la suya, si no toca el piano, ni se dedica al bordado, ni a la pintura? ¿Practica algún ejercicio recomendable?

—Me gusta leer, señora.

—¿Leer? ¡Curioso e inútil entretenimiento para una mente ociosa! —El airoso movimiento con que sacudió la cabeza fue una clara muestra de desaprobación—. ¿Y puede saberse qué lee? ¿Los clásicos griegos? ¿Salmos?

Una sonrisa desafiante asomó a los labios de Fanny y le elevó las comisuras. Aquello podía llegar a ser divertido.

—Me gusta leer novelas.

—¡Ajá, me lo temía! —exclamó triunfante y alzó la barbilla—. ¡Lecturas por completo carentes de moral que no consiguen otra cosa más que llenar de despropósitos las mentes maleables e inconstantes de las jovencitas!

—No lo considero así, señora.

La dama giró la cabeza hacia Fanny con la agilidad del predador que acaba de olfatear una presa. Se encontraba pasmada ante la osadía que manifestaba aquella muchachita menuda y descarada que alzaba con altivez su atrevida barbilla. ¿Quién se creía que era aquella impertinente para contradecirla sin el más mínimo recato?

—¿Cómo dice? —La barbilla de la señora temblaba de rabia contenida.

—Tan solo considero que ese tipo de literatura nos muestra las pasiones y tribulaciones existentes en el mundo que nos rodea, las que, sin embargo, la sociedad imperante pretende ocultar bajo mantos de armiño y sedas.

—¿Cómo osa expresarse con semejante desenvoltura, niña? —Tal era el cariz que había adquirido la conversación que ninguna de las contertulias se había percatado del silencio que había caído en la zona masculina, ni de la atención con que ambos caballeros seguían el asunto—. ¿Quién encontraría placer en la lectura de esas fantasías disparatadas procedentes de la mente de algún loco de vida disoluta? ¡Un espíritu inmoral, por supuesto! ¡Leer novelas! ¡Ninguna dama o caballero sensato ocuparía el tiempo con semejantes bobadas!

—Por desgracia, debo concederle la razón. —La señora Hawthorne bufó como un toro encerrado. La calma que parecía irradiar aquella joven conseguía encolerizarla de un modo hasta entonces desconocido. ¡Jamás nadie había osado replicarle, jamás!—. Nuestros caballeros no acostumbran a perder su valioso tiempo con lecturas románticas. Prefieren hablar de los caballos de sus establos, de sus perros de caza o de la suspensión de sus calesas. Me temo que ninguno dedicaría ni medio minuto de su existencia a un entretenimiento tan vano y superficial.

—¡Por supuesto que no, menuda insensatez!

Un ronco carraspeo procedente del otro lado de la estancia atrapó la atención de las tres mujeres.

—“Sus pensamientos volvieron entonces a las cosas que la rodeaban: los senderos rectos, los arbustos podados de formas angulosas, las fuentes artificiales del jardín; todo no podía parecerle iluminado con la peor de las luces, comparado con la descuidada gracia y la belleza natural de los campos de La Vallée.

Tras hablar así, Oliver Hawthorne continuó sentado en una posición informal y repantigada, las piernas cruzadas a la altura de la rodilla y la mirada prendida en los encantados ojos de Fanny Clark, mientras agitaba una ventruda copa de brandy en la mano derecha.

Los misterios de Udolfo —murmuró Fanny mientras el rubor le encendía de nuevo las mejillas—. Desconocía que leyera usted a la señora Radcliffe.

—Algunos caballeros sí nos aventuramos a perder nuestro valioso tiempo con distracciones vanas y superficiales —comentó y dedicó a la joven una enigmática sonrisa que obligó a Fanny a sofocar un suspiro.

Cordelia Hawthorne miró a su hijo con una clara expresión recriminatoria en los ojillos despiadados.

—¡Oliver, por el amor de Dios!

—Por cierto, la suspensión de mi calesa me importa muy poco, señorita Clark.”

Decir que este libro me ha encantado es poco. No le di 5 o más estrellas por un simple tema de imposibilidad para conseguirlo en papel en mi ciudad, impidiéndome el poder disfrutarlo como Dios manda. Es infinitamente atrapante como Bowman arriesga con una época tantas veces visitada y tantas veces representada sin llegar a hastiar o que te genere ganas de comparar, logrando dejarme con la boca abierta con tan buen manejo de la escritura melódica que nos presenta y que entretiene, al punto de que no puedes parar de leer hasta que llega el tan esperado final.

Agiles diálogos y el estupendo manejo de la descripción le brinda calidad a la narración. El orgullo y el prejuicio son elementos ya conocidos y bastante lógicos a encontrar en este libro, pero están enfocados de una manera nueva, muy fresca que logra darle identidad propia a la pluma de Bowman, llegando sin dudas a su clímax en ese abrazo compartido bajo la lluvia, que me dejo soñando por varias horas en las que me deje llevar por las emociones y palabras no dichas que son capaces de traspasar las páginas. Una historia estupenda, imposible de olvidar.

Fanny Clark es muy peculiar y bastante adelantada para su época y sociedad. No es su prioridad conseguir marido, y tampoco calza con la necesidad de destilar frivolidad. Le gusta leer y correr al viento mientras deja a su mente soñar. Cuando ve que algo no le parece lo dice sin filtros y sin dudar, y no por el simple hecho de ser mujer se deja amilanar. Valiente, honesta, sencilla, encantadora. Es fácil saber porque llama tanto la atención de un hombre tan frio como Oliver Hawthorne, acostumbrado a las caretas y a la hipocresía que no encuentra en la señorita Clark. Una heroína clásica y muy bien plantada. Como esas que ya no hay.

Oliver Hawthorne tiene mucho de aquel enigmático personaje que todos conocemos ya, pero que desprende un aura oscura y sensual que lo hace único y especial. Hay dos momentos, que me atrevo a comentar porque llegan a mostrarlo en esencia debido a que defiende su amor por Fanny aun si eso lo conlleva a la ruina social. Poco le importaba ya antes la hipocresía de su entorno como para creer que se pierde de algo importante y eso hace de este personaje alguien inolvidable. Las miradas descritas, las palabras no dichas. Toda la personalidad de Oliver te deja la piel de gallina debido a la intensidad con la que se desenvuelve, cayendo Fanny y el lector rendidos ante su personalidad.

Secundarios a destacar, varios. Charlotte, Edmund Byrne y Jarrod Rygaard son los primero que se deben nombrar pero que esta vez pasare por alto debido a que estoy convencida de que deben descubrirlos por ustedes mismos así no se llega a arruinar la sorpresa que el libro tiene para dar. A las que si voy a nombrar es a la Sra. Morton y a su igual la Sra. Clark. ¡Que par de cacatúas insensibles! Ganas no me faltaron de meterme en el libro y hacerlas reaccionar.

Un libro que te genera semejantes sentimientos es porque ha cumplido su cometido, y este sin duda será, como en mi caso, uno de tus favoritos.

Un final esperado y un Epilogo pequeño pero revelador y sustancial. No se necesita más para cerrar el libro y continuar tu vida sabiendo que todos, en Sheepfold viven en paz.

Mi Puntuación:
04 estrellas

Infinitamente recomendado.

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