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[Mi Reseña] ‘El aire que respira’ de Brittainy C. Cherry

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La literatura romántica está cambiando. Si bien aún los besos y las declaraciones de amor son las mismas, la narrativa con la que se cuentan y las parejas que suelen encontrar sus caminos dentro de este género ya no lo son. Este libro es prueba de ello, no solo por los personajes y sus dramas personales, sino porque el verdadero obstáculo son ellos mismos y la imposibilidad de darse cuenta que la vida es demasiado corta para andar huyendo de la felicidad. Una vez que toda aquella neblina de negación se despeja, el resultado conmueve y nos deja el corazón hecho trizas. Ahorita les comento por qué.

El aire que respira’ de Brittainy C. Cherry es el primer libro de la serie ‘Los elementos’ y el primer libro que leo de esta autora.

Aquí, Elisabeth lo ha perdido todo, excepto el motor de su vida, Emma. Lo único que la mantiene cuerda y lo que la obliga a seguir adelante en una vida que ya no tenía color y tampoco esperanza de ser mejor. Es así como regresa a Meadows Creek, un pueblo al que considera su casa y del que había huido cuando todo parecía haber perdido sentido.

El camino para construir nuevamente su ser seria largo ya que era imposible no sentir y oler todos los recuerdos que su marido Steven había construido a su lado. Pero como si de una señal molesta se tratara, la vida parecía querer darle una nueva experiencia para intentar curar sus heridas, la cual se llamaba Tristan, su nuevo vecino y quien estaba igual de roto por dentro, al punto de que no se reconocieron como almas destinadas cuando sus miradas por fin se encontraron en tamañas circunstancias.

“—Buen trabajo —dije mientras Tristan apagaba el cortacésped—. Mi marido… —Hice una pausa e inspiré—: Mi difunto marido solía encargarse del jardín. Y me decía: «Cariño, me ocuparé de los setos mañana, hoy estoy muy cansado». —Solté una risita, recordándole. Miré a Tristan, pero sin verlo—. Luego los setos se quedaban así durante una semana o dos, y era raro porque en los jardines de los clientes que llevaba siempre estaban primorosos. Pero bueno, me gustaba cómo quedaban.

Se me hizo un nudo en la garganta y noté lágrimas cálidas acudiendo a mis ojos. Le di la espalda a Tristan y me limpié disimuladamente.

—Bueno, solo quería decirte que me gusta cómo has dejado las diagonales.
Estúpidos recuerdos. Agarré la manecilla blanca de metal y abrí la portezuela, pero me detuve al oírlo.

—Se cuelan sin darte cuenta, y te dejan sin aliento —susurró, como un alma en pena que se despedía de sus seres queridos. Su voz era más suave que antes, profunda y con un deje áspero, pero esta vez el sonido desprendía algo de inocencia—. Los recuerdos y los pequeños detalles como ese.

Me di la vuelta para mirarlo. Estaba apoyado contra el cortacésped. Su mirada tenía vida, más de la que jamás había visto en sus ojos, pero era una vida triste. Ojos rotos de tormenta. Inspiré profundamente para no derrumbarme.

—A veces los pequeños detalles son mucho peores que los otros. Puedo soportar acordarme de su cumpleaños o del día en que murió, pero la manera en que cuidaba del jardín, o que solo leía la tira cómica del periódico, o que solamente fumaba un cigarrillo el día de Nochebuena…

—O la manera en que se ataba los zapatos, saltaba los charcos, tocaba la palma de mi mano con el dedo índice y siempre era para dibujar un corazón.

La voz de Tristan temblaba, y su cuerpo también. Ya no se dirigía a mí.

Estábamos viviendo en nuestros propios mundos de recuerdos y detalles del pasado, y aunque eran distintos, logramos acompañarnos el uno al otro. Los solitarios se reconocen entre sí. Y aquel día, por primera vez, logré ver al hombre que había detrás del monstruo y de su tupida barba.

Contemplé los ojos del alma atormentada llenos de emoción, mientras se colocaba de nuevo los cascos en las orejas.

Cuando terminó con el jardín, dejó de caminar pero su pecho seguía subiendo y bajando, alterado. Se giró hacia mí con los ojos enrojecidos y con la mente probablemente dispersa, sumida en el recuerdo. Se pasó la mano por la frente, sudada, y se aclaró la garganta para decir:

—Ya está.

—¿Quieres algo para desayunar? — le pregunté, levantándome—. Hay suficiente para dos, he hecho de más.

Parpadeó antes de seguir empujando el cortacésped hasta el porche, para guardarlo, y respondió:

—No.

Se dirigió al suyo y desapareció de mi vista. Permanecí de pie, sola, me puse las manos sobre el corazón y por un instante breve, yo también me perdí.”

La vida es maravillosa, y la muerte es el comienzo de un camino tortuoso en donde solo los más arriesgados salen victoriosos. Tristan es incapaz de unir los pedazos que conforman su personalidad antes de que todo fuera arrasado por la muerte de su esposa. Ya nada quedaba dentro de sí para dar. ¿Cómo explicarle a tu conciencia que es posible volver a amar?

La culpa funciona de manera compleja, que incluso cuando no formas parte de ella te inunda la sensación de que todo sería diferente si hubieses prestado más atención. Por ello Elisabeth era peligrosa. Le daba posibilidades, era el futuro que se negaba a disfrutar. Su alma no tenía perdón así que hizo lo que mejor sabía hacer desde que su mujer y su hijo dejaron esta vida. Ahuyentarla, odiarla, alejarla, sin poder evitar que todos esos elementos solo sirvan de combustible para empezar un mal negocio que solo los destruye y los hunde más dentro de la tristeza y el desencanto.

En un intento por bajar la guardia ambos se embarcan en una relación toxica que solo aviva el recuerdo de los que alguna vez amaron y, por qué no decirlo, continúan en sus corazones anclados. Es una locura, un veneno en vez de una medicina, y que va mutando cuando el perdón y la compasión, la calidez y el amor verdadero se cuelan de frente en sus retorcidas mentes.

¿Son ellos los verdaderos villanos?, Quizás ha llegado el momento de vivir, de amar, de respirar…

“Esa noche empezó a llover. Me quedé durante un rato con la bata puesta, observando el diluvio de gotas de lluvia golpeando el suelo con fuerza. Lloré con la lluvia, incapaz de contenerme.

Emma estaba dormida en la habitación de al lado, y Tristan dejó que Zeus se quedara a pasar la noche al pie de su cama.

Haz que pare, le supliqué a mi corazón. Haz que el dolor se vaya, rogué.

Me arrastré por mi ventana hasta la del dormitorio de Tristan. Quedé empapada en segundos, pero no me importaba. Llamé suavemente a su ventana y se acercó, sin camiseta. Se quedó mirándome. Sus brazos eran dos lanzas firmes, clavadas en el borde del alféizar, mostrando sus músculos esculpidos.

—Esta noche no, Elizabeth —dijo en voz baja—. Vete a casa.

—Esta noche.

—No.

Agarré la cinta de mi bata y la abrí, dejando que la prenda cayera al suelo, y me quedé en bragas y sostenes bajo la lluvia.

—Sí.

—Dios mío —murmuró él, y abrió la ventana—. Entra, por lo que más quieras.

Así lo hice. Un charco de agua se formó a mis pies. Estaba temblando de frío. De dolor.

—Pregúntame cómo quiero que me lo hagas esta noche.

—No. —Su voz era seria. Hablaba sin mirarme.

—Quiero que lo hagas como si me quisieras.

—Elizabeth…

—También puedes follarme duro, si quieres.

—Basta.

—Mírame, Tristan.

—No.

—¿Por qué no? —pregunté, acercándome mientras él me daba la espalda—. ¿Es que no me deseas?

—Lo sabes perfectamente.

Sacudí la cabeza.

—¿No me encuentras atractiva? ¿No soy tan guapa como ella? ¿No soy lo bastante…?
Se giró de repente y me puso las manos en los hombros.

—No lo hagas, Elizabeth. No te hagas esto.

—Fóllame, por favor —dije, acariciando su pecho desnudo—. Hazme el amor, te lo ruego.

—No puedo.

Le di un golpe.

—¿Por qué no? —Empecé a llorar y las lágrimas me nublaron la vista—. ¿Por qué no? Dejé que me tocaras cuando la deseabas a ella. Dejé que me follaras cuando tú lo necesitabas. Dejé que… —Mis palabras se apagaron y se convirtieron en sollozos—. Te dejé… Por qué no…

Me agarró de las muñecas para impedir que descargara toda mi furia golpeándole el pecho.

—Porque estás rota. Herida. Esta noche eres extremadamente frágil.

—Hazme el amor.

—No.

—¿Por qué no?

—No puedo.

—Eso no es una respuesta.

—Sí lo es.

—No, no lo es. Deja de comportarte como un cobarde. Dime por qué no. ¿Por qué demonios no quieres hacerme el amor?

—¡Por que yo no soy él! —gritó, mientras mi cuerpo temblaba entre sus brazos—. No soy Steven, Elizabeth. No soy lo que quieres.

—Puedes serlo. Puedes ser él.

—No —dijo firmemente—. No puedo.

Lo empujé.

—¡Te odio! —grité con la garganta ardiendo mientras las lágrimas me empapaban las mejillas, los labios—. ¡Te odio! —Pero no hablaba con Tristan—. ¡Te odio por dejarme! Te odio porque me dejaste. No puedo respirar. No puedo respirar.

Me perdí en los brazos de Tristan. Me derrumbé de una manera que jamás había experimentado. Temblé, grité y una parte de mí murió.

Pero Tristan me siguió abrazando, asegurándose de que no perdía toda mi alma esa noche.”

Sensible, crudo y bastante sentimental. Literatura romántica de la buena nos trae este libro que da inicio a una serie de parejas tocadas por la tragedia y donde sus propios demonios son los villanos que deben de vencer para poder encontrar la felicidad. Es bastante simple y complejo a la vez relatar historias donde uno mismo es el impedimento para encontrar el amor verdadero. Brittainy C. Cherry desarrolla esta historia en ambas perspectivas consiguiendo compenetrarnos con ambos protagonistas por igual. Se les entiende, se les comprende y sufrimos sus miedos con ellos logrando también disfrutar cuando los muros caen y todo parece que puede llegar a buen final.

Era imposible relatar esta historia en primera persona así que es un plus que se debe destacar a la pluma de la autora, coincidiendo con su narrativa a lo ya establecido dentro del género y que muchas autoras ‘modernas’ están aplicando en muchas de sus historias.

La estructura narrativa en donde lo sensible y la delicadeza describen a los personajes interiorizando en sus emociones esta, como dicen, muy ‘de moda’ y pues es una fórmula que está dando resultado, y si nos da tan buenas historias como esta, pues yo ni me quejo y espero encontrarme con más libros escritos de esta manera. Una historia hermosa, contada de una forma bastante delicada pero que a la vez es cruda, profunda, llena de giros inesperados y que culmina con el final esperado. Estoy encantada y necesito más.

Elisabeth, Lizzy… una mujer imperfecta y completamente sorprendente es la que toma las riendas dentro de este viaje por el interior de ambas almas destrozadas. La mayoría de los pasos iniciales los da ella. Quien pone las reglas, quien empieza la locura por encontrar consuelo de la manera más venenosa y complicada para ambos protagonistas pero que encuentra la manera de realizar el cambio, de renacer entre las cenizas y convertir un camino pantanoso en uno lleno de luz y posibilidades. Su creación y descripción es maravillosa, perfecta, por estar llena de defectos y con quien de inmediato conectas, te identificas. Su historia puede ser la mía, la tuya, la de cualquiera y eso la hace una protagonista femenina como pocas e inolvidable para cualquier lectora.

Y Tristan… el imposible, iracundo y atormentado Tristan. Un personaje así es complicado de desarrollar. Todo a su alrededor está dañado, no tiene arreglo y es imposible de salvar. Literalmente solo un milagro lo puede salvar. Y cuando todo es negro, es mentira que todo se despeja cuando tu salvación está cerca. Por ello su alma tarda en reconocer que aún hay futuro luego de prácticamente estar muerto en vida. Me gusta que sea diferente físicamente. La descripción que nos da Brittainy C. Cherry sobre nuestro protagonista masculino es la de un hombre imponente, carnal, guapo a rabiar pero completamente lejano del estereotipo a los que estamos acostumbrados en este tipo de libros. Y sin duda alguna es difícil olvidar momentos explícitos en donde su esencia al amar está intacta y se muestra así mismo pasional y capaz de llevarte a la locura a la hora de amar.

Es tremendo lo que este personaje hace contigo, así que de mi parte es posible que me tome un tiempo para que pueda superarlo y encontrar el siguiente protagonista que me robe el corazón.

Secundarios… varios. Faye y sus desaventuras amorosas son el toque de picardía necesario a la trama para que el lector continúe con la historia y se mantenga enganchado. Cada una de sus participaciones tiene una lógica de la vida bastante peculiar que aunque no lo parezcan son muy buenos consejos que se pueden aplicar. Pero si alguien se lleva las palmas es sin duda alguna Emma y su peculiar manera de llenar este mundo lleno de tragedias con toda su magia.

Me sorprendió también como la autora convierte un personaje en antagonista de manera tan drástica, logrando dejarme con la boca abierta cuando por fin todo su plan lo delata. Impactante y con todos los ingredientes necesarios para que una lectura te termine gustando.

Epilogo, gracias a dios que si lo tenemos. Este tipo de historias en donde cada capítulo está narrado de manera intercalada por cada personaje sin lugar a dudas debe tener un Epilogo que nos haga romper en llanto. Es la regla y es así como se le pone el broche final.

Ahora solo queda esperar por los libros siguientes, que se me van a encantar.

Mi Puntuación:
05 estrellas

Ahora solo queda rogar para que llegue a Perú.
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